Historia de Florencia
Aunque Florencia fue fundada en la antigüedad, no destacó hasta el siglo XI, con el surgimiento de numerosos conventos y monasterios en distintos puntos de la ciudad. En 1115 recibió la autonomía municipal, y pasó a ser gobernada por un consejo nobiliario que se decantó a favor del Papado en su enfrentamiento contra los emperadores germanos.
En el siglo XII, los florentinos ocuparon la vecina ciudad de Fiesole e intentaron conquistar toda la extensa y fértil llanura que recorre el Arno. Florencia se hallaba internamente dividida por las luchas por el poder entre las familias más poderosas; en 1300 estalló una guerra civil en la ciudad entre dos facciones de los güelfos, los neri (negros) y los bianchi (blancos). El escritor Dante Alighiari, uno de los bianchi derrotados, debió exiliarse de la ciudad en 1302. A pesar de las disputas internas, la ciudad continuó prosperando. La industria, especialmente la confección de prendas de lana, y la banca, gracias a la cual muchos florentinos acumularon impresionantes fortunas, se añadieron al comercio que se encontraba en continua expansión. Además, la organización de los mercaderes y artesanos en poderosos gremios dieron a la ciudad una inesperada estabilidad. El gremio de la lana, el más rico de todos, empleaba a más de 300.000 trabajadores y poseía más de 200 tiendas a comienzos del siglo XIV. Los mercaderes y los banqueros se hicieron de este modo con el poder en lo referente a los asuntos civiles y comenzaron a embellecer la ciudad. Florencia tuvo continuos enfrentamientos con Milán en los siglos XIV y XV, y, en 1406, logró finalmente conquistar Pisa, aguas abajo del Arno, logrando la codiciada salida al mar.
Al mismo tiempo, en el interior de la ciudad tenían lugar importantes enfrentamientos entre grupos populares, que se sentían explotados, y las clases más poderosas. El conflicto llegó a su apogeo en 1433, cuando el partido aristocrático exiló a Cosme de Medici, un rico comerciante y banquero que encabezaba el partido popular. Cosme regresó en 1434, expulsó a los que se oponían a él y, aliándose con las clases menos favorecidas, se convirtió de hecho en el gobernador de la ciudad, aunque nominalmente seguía siendo sólo un ciudadano más. Los Medici dominaron la ciudad, excepto durante breves periodos en los que hubieron de exiliarse ante la victoria de sus opositores, a lo largo de los tres siglos siguientes. A Cosme le sucedieron su hijo Pedro y su nieto Lorenzo de Medici, llamado Lorenzo el Magnífico, un gran mecenas del saber y de las artes. Lorenzo redujo a nada el sistema comunal y por medio de una ambiciosa política exterior consiguió, por un tiempo, convertir a Florencia en una ciudad-estado importante dentro del complejo equilibrio de fuerzas de los estados italianos. El comercio florentino se extendió por todo el mundo conocido y la moneda de oro florentina, el florín, se convirtió en la moneda de referencia del comercio europeo.
El hijo y sucesor de Lorenzo, Pedro, realizó humillantes concesiones a Carlos VIII de Francia, que invadió Italia en 1494; ese mismo año, el pueblo, ofendido, expulsó a Pedro y a su familia de la ciudad. Girolamo Savonarola, prior del monasterio dominico de San Marco, dirigió protestas populares contra Pedro, accedió al poder y proclamó la república. Sin embargo, Savonarola, que había arremetido en diversas ocasiones contra la lujuria de la corte de Lorenzo, entró en conflicto con el papa español Alejandro VI y fue perdiendo poco a poco el apoyo popular. En 1498 fue apresado por la muchedumbre, juzgado y ejecutado. Los Medici volvieron al poder con la ayuda del Ejército español en 1512, se exiliaron de nuevo en 1527 y volvieron a recuperar el gobierno de la ciudad de forma permanente en 1531. En 1569 el papa Pío V concedió el título de gran duque de Toscana a Cosme I de Medici.
Los Medici gobernaron Toscana hasta que finalizó su línea directa de descendencia en 1737. Les sucedieron miembros de la casa imperial austriaca de los Habsburgo–Lorena. El gran duque Fernando III fue destronado por los franceses en 1799, recuperando su puesto en 1814. Su sucesor, Leopoldo II, expulsado en 1849, regresó con el apoyo de las tropas austriacas, pero fue depuesto finalmente en 1859 durante el proceso de unificación de Italia. Florencia se convirtió en la capital de Italia, desde 1865 hasta 1871, bajo el reinado de Víctor Manuel II, en ese último año en que Roma le sucedió como capital. Durante la II Guerra Mundial, los monumentos de la ciudad apenas sufrieron daños, aunque en 1944 todos sus puentes (a excepción del ponte Vecchio) fueron destruidos. En 1966, una terrible inundación causó daños a numerosos tesoros artísticos de Florencia, pero la mayoría fueron restaurados en los siguientes años. El centro histórico de la ciudad fue declarado Patrimonio cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1982. Población (2007), 452.940 habitantes.