|
El 2 de junio de 1946, una
vez abolida la monarquía y mediante un referéndum, fue proclamada la república
en Italia. La Constitución fue aprobada el 1
de enero de 1948.
El presidente de la República es
elegido cada siete años por un colegio electoral integrado por el Parlamento en
sesión conjunta, más tres delegados de cada uno de los 20 entes regionales,
excepto el del Valle de Aosta que cuenta sólo con un delegado. El presidente,
que debe tener como mínimo cincuenta años de edad, es elegido, normalmente, por
una mayoría compuesta por los dos tercios de las cámaras legislativas. Entre
sus prerrogativas se encuentra la de poder disolver el Senado y la Cámara de
Diputados siempre que lo considere oportuno, excepto durante los últimos seis
meses de su mandato. El presidente, que no se ocupa directamente de las
acciones de gobierno, elige para tal fin al primer ministro, que debe conseguir
la confianza de los miembros del Parlamento. Además, nombra al Consejo de
Ministros. El primer ministro es, generalmente, el líder del partido que ha
obtenido mayor número de escaños en la Cámara de Diputados.
El Parlamento italiano se compone del
Senado de la República y la Cámara de Diputados, que son elegidos por sufragio
universal cada cinco años. Durante mucho tiempo, el sistema de elección de
representantes se basó en un sistema por el cual se votaba a los partidos
políticos, que eran quienes elegían los representantes según el sistema
proporcional de representación. Los escándalos políticos por motivos de
corrupción que salieron a la luz a comienzos de la década de 1990 dieron lugar
a la celebración de referendos en abril de 1993. El resultado de ellos fue el
cambio a un sistema de elección más directo que se puso en funcionamiento en
las elecciones de marzo de 1994. Con este nuevo sistema, el 75% de los 630
escaños de la Cámara de los Diputados, y una proporción equivalente de escaños,
326, del Senado, se eligen de forma directa. El 25% de los escaños restantes es
elegido por los partidos políticos y depende del éxito electoral de cada uno de
ellos. Al Senado también pertenece un grupo de miembros formado por anteriores
presidentes y los miembros de honor por ellos nombrados (cada presidente puede
nombrar cinco senadores). Sólo pueden ser senadores los ciudadanos de 25 o más
años. Todos los ciudadanos mayores de 18 años pueden hacer efectivo su derecho
al voto.
El Tribunal Supremo de Casación
(Corte Supreme di Cassazione) es el más alto tribunal en todos los temas
excepto en los relacionados con la Constitución. El Tribunal Constitucional
está compuesto por 15 miembros, cinco elegidos por el presidente de la
República, cinco por el Senado y la Cámara de Diputados y cinco por los
tribunales superiores de justicia. El sistema judicial criminal está formado
por tribunales de distrito y tribunales y cortes de apelación.
El país está dividido en 20 regiones
que a su vez están subdivididas en 94 provincias. Cada región cuenta con su
propio órgano de gobierno elegido por sufragio y todas gozan de una
considerable autonomía. Al frente de cada provincia se encuentra el prefecto,
nombrado por el gobierno central, ante el que responde de su función de
gobierno, pero que en la práctica cuenta con poco poder. El verdadero gobierno
de la provincia está en manos de un consejo electo y un comité ejecutivo
provincial. Por último, el territorio está dividido en ayuntamientos, que es el
ente político básico, y cuyo tamaño oscila entre el de una pequeña localidad al
de una gran ciudad como Nápoles. A comienzos de la década de 1990 existían más
de 8.000 ayuntamientos. El órgano de gobierno local es el Consejo Municipal,
que es elegido cada cuatro años por sufragio universal. El alcalde es elegido por los concejales.
Después de las transformaciones
sufridas durante la década de 1990, que condujeron a la desaparición de los
tradicionales partidos que habían dominado la vida política desde la caída de
la monarquía, y aun antes, el escenario partidista actual está básicamente
dominado por dos grandes coaliciones y por la existencia de un sinnúmero de
agrupaciones políticas, muchas de ellas incluidas en esas concentraciones.
Las dos grandes coaliciones
presentadas en las elecciones legislativas de 2001 fueron La Casa de las
Libertades, de centro y de derecha; y El Olivo, que englobó a muchos de los
partidos de centro y de izquierda. La Casa de las Libertades estuvo compuesta
por la heterogénea Forza Italia; la posfascista y liberal-conservadora Alianza
Nacional; la nacionalista Liga Norte; el Nuevo Partido Socialista Italiano; y
Blancaflor, denominación con la que acudió a aquellos comicios una unión de los
democristianos y los demócratas de centro. Por su parte, El Olivo estuvo
integrado por los socialdemócratas y ex comunistas Demócratas de Izquierda; La
Margarita, coalición a su vez liderada por el Partido Popular Italiano; El
Girasol, formado por la Federación de los Verdes y por Socialistas Democráticos
Italianos; y el Partido de los Comunistas Italianos. Al margen de ambas
coaliciones, cabe destacar a la Refundación Comunista.
5.6
|
|
Salud y bienestar
social
|
En 1980 fue establecido el servicio
de salud público cuyo objeto era la asistencia médica gratuita a todos los
ciudadanos. En 1999 cada médico atendía a 169 personas y se disponía de una
cama de hospital para cada 182 habitantes. La Seguridad Social, financiada en
su mayor parte por los empresarios, se hizo extensiva a los discapacitados y
las personas mayores de edad, así como a los pensionistas, agricultores,
obreros agrícolas en paro y aprendices. En 2005 la esperanza de vida era de 83
años para las mujeres y de 77 para los hombres. La tasa de mortalidad infantil
era de 6 por cada mil nacimientos.
Las Fuerzas Armadas han experimentado
un gran crecimiento tras la adhesión del país a la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) en 1949. En 2003, las Fuerzas Armadas contaban con
194.000 personas, de las cuales 116.000 integraban el Ejército de Tierra;
34.000, la Marina; y 48.000, las Fuerzas Aéreas. El servicio militar tiene
carácter obligatorio para los hombres y su duración es de un año.
Para el periodo de la historia
de Italia anterior al siglo V, véase historia de Roma. Para
información adicional sobre el desarrollo de la Italia moderna, véase civilización
etrusca, Florencia, Génova, Lombardía, Milán, Nápoles, Estados Pontificios, Casa
de Saboya, Sicilia, Toscana y Venecia.
En el 476 Odoacro, rey de los
hérulos, depuso a Rómulo Augústulo, el último emperador de Occidente, y se hizo
con el poder. En el 488, Teodorico, rey de los ostrogodos, invadió Italia y,
tras derrotar y asesinar a Odoacro, se proclamó soberano absoluto. Su reinado
se prolongó hasta su muerte, ocurrida en el 526. Justiniano, emperador de
Oriente (véase Imperio bizantino), encargó al general Belisario que
expulsara de la península Itálica a los invasores germánicos. El terrible
conflicto que siguió finalizó en el 553 con la muerte de Teias, el último de
los reyes godos. No obstante, el dominio de Bizancio fue breve, ya que en el
año 572 los lombardos, otro pueblo germánico, invadió la península. Su rey,
Alboíno, fijó la capital del reino en Pavía, y desde allí inició una serie de
campañas con las que se hizo con el control de los enclaves bizantinos, excepto
la zona sur de la provincia y el exarcado de Ravena, en el norte.
6.1.1
|
|
Conflictos
religiosos
|
Tras la muerte de Alboíno en el
572, se produjo un vacío de poder que propició la unión de distintos grupos
bajo el mando de un líder regional llamado duci. Los lombardos, como
anteriormente los godos, abrazaron el credo herético denominado arrianismo, que
originó continuos enfrentamientos religiosos con los habitantes nativos del
país, que mayoritariamente profesaban el catolicismo. El conflicto adquirió
mayor intensidad cuando los papas vieron incrementado su poder. Finalmente, la
conversión a la fe católica del rey lombardo Agilulfo (reinó entre 590-615)
trajo consigo un periodo de relativa calma. Los lombardos, que pretendían
consolidar su poder político, empezaron a hacer incursiones en territorio
papal, e incluso amenazaron a Roma, el centro del poder eclesiástico. En el 754
el papa Esteban II pidió ayuda a los francos, convertidos a la fe católica un
siglo antes. Bajo el fuerte liderazgo de Pipino el Breve y posteriormente su
hijo, Carlomagno, los francos derrotaron a los lombardos y depusieron a su último
rey en el 774. El día de Navidad del 800, el papa León III coronó a Carlomagno
como emperador de Occidente.
Cuando en el siglo IX los
sarracenos conquistaron Sicilia y amenazaron con conquistar Roma, el papa
León IV pidió ayuda a Luis II, nieto de Carlomagno, que detuvo el avance
de los invasores. Sin embargo, tras la muerte del rey Luis II,
consiguieron hacerse con el poder en el sur de Italia y obligaron a los papas a
pagar tributos. A partir de entonces, y durante mucho tiempo, la historia de
Italia es una sucesión de coronaciones y caídas de reyes sin importancia, entre
ellos Guido II, Berengario I y Hugo de Provenza. Este periodo de
anarquía finalizó en el 962, cuando Otón I el Grande, rey de Germania, se hizo
con el poder en el norte de Italia y con la corona lombarda y se hizo coronar
emperador por el papa Juan XII. El hecho es considerado por muchos como el
nacimiento de la nación germana y la fundación del Sacro Imperio Romano
Germánico.
6.1.2
|
|
El enfrentamiento
entre el Papado y el Sacro Imperio Romano
|
Hasta el fin de la edad
media, los emperadores del Sacro Imperio Romano proclamaron, y ejercieron, en
distintos grados, la soberanía sobre toda Italia; sin embargo, por motivos
prácticos la autoridad imperial se había convertido en simbólica a comienzos
del siglo XIV. Mientras tanto, el sur de Italia había permanecido bajo la
influencia bizantina y lombarda. En el siglo XI, los normandos acabaron
con el poder bizantino y expulsaron a los lombardos, y en 1127 unieron los
territorios que habían conquistado con Sicilia, arrebatada a los sarracenos.
Estos acontecimientos coinciden con un cierto resurgir de la autoridad papal,
que durante mucho tiempo había estado velada por la autoridad de los
emperadores. Los enfrentamientos entre el Imperio y el Papado alcanzaron su
punto de máxima tensión en la Querella de las Investiduras. Tras el Concordato
de Worms (1122), el emperador delegó en los cardenales el derecho a elegir al
papa. Al tiempo que se fortalecía la influencia del Papado, se hacía cada vez más
patente la oposición al continuado poder ejercido por los emperadores, que se
manifestaba en las cada vez más numerosas ciudades-estados. En la península, el
feudalismo no había logrado implantarse tan sólidamente como en Francia y
Alemania. Su relativa debilidad se debía en gran parte a la supervivencia de
las tradiciones romanas y a la existencia de un gran número de ciudades que
impedían la extensión del sistema feudal, eminentemente rural. La ciudades del
norte desafiaron el poder del emperador Federico I Barbarroja, quien luchó en
numerosas guerras contra ellas. Finalmente, en 1167 se creó la Liga Lombarda,
una alianza de ciudades italianas, que en 1176 derrotó al emperador en Legnano;
en 1183, con la firma de la Paz de Constanza, las ciudades del norte de Italia
aseguraron su independencia. El emperador Federico II hizo un último e
infructuoso intento de vencer al Papado y a sus aliados. Italia se encontraba
dividida por las luchas entre los partidarios del emperador, los güelfos, y sus
adversarios, los gibelinos.
Mientras tanto, en 1266, la Italia
meridional y la isla de Sicilia pasaron a ser posesión de la Casa de Anjou,
hasta que en 1282 los sicilianos se liberaron de la dominación francesa y
aceptaron la autoridad de Aragón. VéaseVísperas Sicilianas.
6.1.3
|
|
El ascenso de las
ciudades-estado
|
Gracias a la actividad comercial
desarrollada en algunas ciudades del norte de Italia, éstas habían
experimentado un crecimiento que les había permitido crear gobiernos
oligárquicos que poco a poco se hacían más democráticos. Los ricos mercaderes
de estas ciudades, una vez asegurada su independencia frente a la autoridad de
los gobernantes del Sacro Imperio Romano Germánico, comenzaban a cuestionarse
la autoridad de la nobleza. Con el tiempo, los nobles fueron despojados de su
autoridad y obligados a abandonar sus inmensas propiedades. Venecia, gracias a
su participación en la cuarta Cruzada, había conseguido posesiones ingentes en
el Imperio bizantino y había desarrollado un imperio comercial a gran escala.
Pisa, Génova, Milán y Florencia también se habían hecho poderosas. Entre Génova
y Venecia se desencadenó muy pronto una dura lucha por el poder, que acabó con
la victoria de los venecianos a finales del siglo XIV.
En las ciudades de la Italia
septentrional y central perduraban los conflictos entre güelfos y gibelinos. El
carácter de los primeros, más progresista, chocaba con la actitud más
conservadora de los segundos, lo que daba lugar a continuos enfrentamientos
entre ambos grupos, que acababan a menudo con el destierro del grupo perdedor.
En ocasiones, el grupo desterrado intentaba hacerse nuevamente con el poder con
la ayuda de otras ciudades, de modo que esto daba lugar a una continua sucesión
de alianzas, conquistas y treguas. La situación tenía consecuencias muy
negativas para el comercio y la industria de las ciudades del norte. Para
intentar solucionarla se creó la figura del 'magistrado jefe' con objeto de
hacer de mediador entre las distintas partes en conflicto. Sin embargo, a causa
de su ineficacia se convirtió en un simple agente judicial. El puesto de
gobernante pasó entonces a ocuparlo un 'capitán del pueblo', que representaba
al grupo dominante y era ejercido normalmente por un noble. La población, que
anhelaba hacía mucho tiempo la paz, accedió al establecimiento de una autoridad
centralizada. De esta forma, en todas las ciudades pasó a gobernar un déspota,
cuyo cargo en muchas ocasiones llegó a ser hereditario, como ocurrió con
algunas familias de nobles, entre ellas los Scala, en Verona; los Este, en
Ferrara; los Malatesta, en Rímini; y los Visconti, y más tarde los Sforza, en
Milán. Bajo la autoridad de los déspotas, las ciudades prosperaron, el lujo
invadió el modo de vida y florecieron la literatura y las artes. Las ciudades
más pequeñas, con el paso del tiempo, quedaron bajo la influencia de las más
poderosas.
6.1.4
|
|
Periodo de
prosperidad
|
A mediados del siglo XV Italia
disfrutaba de un periodo de prosperidad y relativa calma. Su posición era de
clara superioridad intelectual sobre el resto de los países europeos como motor
del gran movimiento cultural conocido como renacimiento. En este resurgir de la
cultura, la región de Toscana desempeñó un papel de primer orden; de ella
salieron figuras tan importantes como el gran poeta Dante Alighieri y el pintor
Giotto. Pero casi a finales del siglo, Italia se convirtió en el escenario de
las guerras que enfrentaron a Francia, España y el Imperio y que se resolvieron
con el dominio de España y los Habsburgo austriacos. En 1494 Carlos VIII, rey
de Francia, intentó conquistar el reino de Nápoles, que pertenecía a la Corona
de Aragón. El duque de Milán, Ludovico Sforza y los ciudadanos de Florencia,
que no estaban conformes con la autoridad ejercida por la familia Medici,
persuadieron al rey Carlos, que invadió Italia, ocupó Nápoles y firmó un
tratado con Florencia que estipulaba la expulsión de los Medici, así como la
sumisión del Papa. Sin embargo, España, el Papado, el emperador y las ciudades
de Venecia y Milán se aliaron contra él y expulsaron de Nápoles a
Carlos VIII. Esta incursión de Francia en la península italiana no tuvo
consecuencias políticas de importancia, aunque sí culturales, ya que supuso la
difusión de la cultura italiana por todo el continente europeo.
6.2
|
|
La edad moderna y
el comienzo de la edad contemporánea
|
Durante el siglo XVI los Estados
italianos fueron presa de otros países. En 1499, Luis XII, rey de Francia y
sucesor de Carlos VIII, conquistó Milán. En 1501, Fernando II el Católico,
rey de Sicilia desde 1468, unificó en una única corona los reinos de Nápoles y
Sicilia.
La rivalidad entre el emperador
Carlos V y Francisco I, rey de Francia, provocó una nueva invasión francesa de
Italia en 1524. A pesar de la ayuda de aliados florentinos, genoveses y
venecianos, la invasión terminó resultando un fracaso. Con la firma de la Paz
de Cambrai (1529) el rey Francisco I renunciaba a todas sus pretensiones
sobre el territorio italiano, y aunque en la década de 1540 intentó nuevamente
reanudar el conflicto, no pudo socavar la hegemonía del emperador Carlos V
en Italia. Cuando en 1535 la familia Sforza perdió el control de la ciudad de
Milán, el emperador se hizo también con el control del ducado, por lo que el
Milanesado fue una posesión española durante casi doscientos años. Sólo Génova
y Venecia conservaron su poderío de entre todos los Estados italianos. El
último gran logro de Venecia fue la conquista del Peloponeso en 1684, que
perdió en 1715.
Durante el siglo XVIII, Italia
continuó dividida y bajo el dominio de las potencias extranjeras. Hasta 1748
fue el escenario de las guerras de sucesión europeas en las que se redefinió un
nuevo equilibrio internacional. Venecia volvió su vista al este, el Papado
quedó cada vez más aislado y Florencia perdió definitivamente su importancia en
la zona. Saboya, situada entre Francia y las posesiones de los Habsburgo en
Italia, pasó a desempeñar un dominio cada vez mayor. El duque Víctor
Amadeo II resultó victorioso y fortaleció su poder tras la guerra de
Sucesión española. Los Tratados de Utrecht otorgaron Sicilia al duque, que él
cedió a Austria en 1720 a cambio de Cerdeña. También mediante dichos tratados
las posesiones de España en Italia fueron transferidas al Sacro Imperio, que
dominó la península Itálica durante casi toda la segunda mitad del siglo XVIII.
6.2.1
|
|
El periodo
napoleónico
|
En 1796 Napoleón Bonaparte, que más
tarde sería emperador de Francia, invadió Italia. Como consecuencia de sus
conquistas, el Tratado de Campoformio (1797) establecía la creación de la
República Cisalpina, con Milán como capital, y la República Ligur, con capital
en Génova. Posteriormente, la República Cispadana (Reggio, Módena y Bolonia)
quedó incorporada a la República Cisalpina. Además, Venecia y su territorio
pasó a ser una posesión de Austria. En 1805, Napoleón fue coronado rey de
Italia en Milán. Al año siguiente se hizo con el reino de Nápoles, sin embargo
no pudo conquistar la isla de Sicilia que la flota inglesa defendió para sus
soberanos Borbones. El reino de Nápoles fue entregado primero a José Bonaparte,
hermano de Napoleón, y más tarde a su cuñado Joachim Murat. En 1810, toda la
península, incluida Roma, estaba bajo el control del Imperio francés.
El dominio de Napoléon sobre Italia
empezó a debilitarse tras la derrota sufrida por el emperador en Leipzig (1813)
que siguió a la invasión del norte de Italia por Austria y la ocupación de
Génova por la flota inglesa. El Congreso de Viena (1814-1815) devolvió a
Austria el control del reino de Lombardia-Venecia, le otorgó Trentino, Istria,
Trieste y Venecia Julia, y le permitió gobernar por medio de su dinastía en
Toscana, Módena y Parma. Sólo el reino de Piamonte-Cerdeña, el de Nápoles y los
Estados Pontificios mantuvieron la independencia política.
La cada vez mayor oposición de
los italianos al dominio austriaco se manifestó en un sentimiento cada vez más
fuerte en favor de la unidad nacional y la independencia, cuyo primer síntoma
fue el nacimiento de una red de sociedades secretas, en especial las que
integraban el movimiento denominado carbonarismo, surgido en el sur de Italia,
que desempeñaron un papel de vital importancia en el transcurso de las
revoluciones de 1820, fuertemente reprimidas por Austria.
6.3.1
|
|
Los movimientos
nacionalistas
|
La revolución de julio de 1830, que
provocó el derrocamiento de Carlos X en Francia, tuvo gran repercusión en
Italia. En 1831 estallaron insurrecciones en los Estados Pontificios.
Representantes de diversas regiones, excepto de Roma y unas pocas ciudades
fronterizas con Ancona, se reunieron en Bolonia y acordaron el establecimiento
de la república como forma de gobierno. El papa Gregorio XVI pidió ayuda a
Austria para sofocar el movimiento revolucionario en los dominios papales y la
ciudad fue puesta bajo control militar.
Tras la muerte del rey Carlos
Félix de Cerdeña (1831), ocupó el trono Carlos Alberto, que prometió al pueblo
una constitución. Giuseppe Mazzini, que creía en el talante liberal del
príncipe Carlos Alberto, animó al nuevo rey a que emprendiera la misión de
liberar Italia. El rey encarceló a Mazzini, a pesar de lo cual los patriotas
italianos siguieron viendo en el monarca el líder del movimiento.
Desde su exilio en Marsella,
Mazzini fundó en 1831 una organización llamada Joven Italia para difundir el
sentimiento nacionalista y republicano entre los italianos. El hecho de que los
levantamientos fueran siempre reprimidos provocó que parte de los italianos se
cuestionaran el uso de métodos radicales y empezaran a pensar que debería ser
otro tipo de líder el que dirigiera la causa nacionalista.
El movimiento neogüelfista pretendía el
establecimiento de un nuevo orden en que el papa sería a un tiempo el dirigente
político y religioso de Italia. En 1846, la elección del papa Pío IX animó a
los seguidores de los movimientos nacionalista y neogüelfista, que veían en el
nuevo pontífice un hombre de talante liberal y partidario del proceso
unificador italiano. Pío IX, puso inmediatamente en marcha un extenso
programa de reformas en los Estados Pontificios: amnistía para los presos
políticos, retorno de los exiliados, libertad de expresión, acceso de los
seglares a los órganos de gobierno y la creación de una órgano de consulta
encargado de sugerir nuevas reformas. El ejemplo del papa fue seguido por los
gobernantes de Lucca, Toscana y Piamonte. No obstante, las reformas de 1846 y
1847, lejos de apaciguar el movimiento revolucionario, lo intensificaron. En
enero de 1848 el pueblo de Palermo expulsó al ejército de Fernando II, rey de
las Dos Sicilias, que, en respuesta al estallido de revoluciones en el continente,
prometió a sus súbditos una constitución. A su vez, Leopoldo II, gran
duque de Toscana, aprobó una constitución para su ducado. En Turín, el rey
Carlos Alberto, por sugerencia de Camillo Benso, conde de Cavour, prometió
también la aprobación de una constitución. Por su parte, el papa Pío IX,
de mala gana, aceptó una constitución para los Estados Pontificios, aunque
contemplaba el curso de los acontecimientos con preocupación.
6.3.2
|
|
Los movimientos
revolucionarios de 1848
|
El estallido de la revolución en
Viena en 1848, que acabó con el mandato del canciller austriaco Klemens de
Metternich, fue el detonante de la revuelta que tuvo lugar el 18 de marzo en
Milán. El 22 de marzo, el pueblo expulsaba de la ciudad a las tropas
austriacas. En Venecia se repitieron los acontecimientos y fue proclamada la
república. Los monarcas absolutistas de Parma y Módena se vieron obligados a
abandonar sus tronos. En Piamonte, los nacionalistas instaban a una guerra de
liberación para arrojar a los austriacos de Italia. Superadas las dudas
iniciales, el rey Carlos Alberto marchó con su ejército en ayuda de Lombardía y
se proclamó como el liberador de Italia. Sin embargo, las esperanzas del pueblo
italiano se desvanecieron cuando a finales de abril Pío IX se negó a participar
en la guerra. A mediados de mayo la revolución fracasó en Nápoles, y el 24 de
julio los austriacos derrotaron a los piamonteses. Un armisticio, contra el que
se manifestó más tarde el rey Carlos Alberto, permitió a los piamonteses
abandonar Lombardía. El rey fue finalmente derrotado en la batalla de Novara en
marzo de 1849, y después abdicó en favor de su hijo, Víctor Manuel II.
6.3.3
|
|
La revolución en
Roma
|
Mientras tanto, Pío IX fue acusado
por los elementos radicales de no haber dado su apoyo a la guerra en favor de
la independencia. En Roma estalló una revuelta popular que obligó al Papa y a
su más cercano consejero, el cardenal Giacomo Antonelli, a huir de la ciudad en
noviembre de 1848. En su ausencia se proclamó la república. A principios del
año 1849, el cardenal Antonelli pidió ayuda a las autoridades católicas de
Francia, Austria, España y Nápoles para acabar con este régimen. A pesar de los
esfuerzos de Mazzini, que estaba al frente del gobierno, y del líder militar
Giuseppe Garibaldi, los austriacos atacaron desde el norte y los españoles y
napolitanos desde el sur, permitiendo al ejército francés ocupar Roma en julio
de 1848. De esta forma el poder papal fue restaurado.
El rey Víctor Manuel II se
mantuvo fiel a la Constitución liberal que su padre había promulgado y a la
bandera tricolor, símbolo de la Italia libre, con lo que propició que los
refugiados políticos procedentes de los estados conservadores buscaran asilo
político en Cerdeña. En 1852 Cavour se convirtió en primer ministro de Cerdeña
y en 1855 hizo que el país participara, junto con Gran Bretaña y Francia, en la
guerra de Crimea. En la conferencia de paz celebrada en París en 1856, Cavour,
con la connivencia del emperador francés Napoleón III, presentó la cuestión
italiana como un problema de carácter internacional. En 1858 mantuvo una
reunión secreta con Napoleón para planear la ofensiva conjunta de Francia y
Cerdeña contra Austria para liberar definitivamente Italia. La guerra estalló
en 1859. La coalición franco-italiana ganó las batallas de Magenta y Solferino,
no sin gran esfuerzo. Napoleón, temeroso de las consecuencias de embarcarse en
una larga guerra, abandonó a los italianos y firmó, en julio de 1859, un
preacuerdo con los austriacos sin la participación de Cerdeña. Después, ésta
aceptó los términos del Tratado de Zurich: Austria cedió casi toda Lombardía a
Francia, que a su vez cedió las ciudades lombardas de Peschiera y Mantua a
Cerdeña. En varios lugares se estaba preparando el terreno para la unificación
italiana. Una serie de plebiscitos celebrados en 1860 pusieron de manifiesto el
deseo de los habitantes de la Romaña y de los ducados de Parma y Módena de
unirse a Cerdeña. Francia obtuvo, según lo acordado en el Tratado de Turín, las
regiones de Niza y Saboya. En abril de 1860, estalló en Palermo una nueva
revuelta contra Francisco II, rey de las Dos Sicilias. En mayo, Garibaldi,
con la ayuda secreta de Cavour, dirigió una expedición contra Génova en apoyo
de la revuelta siciliana. Garibaldi se hizo con el control en Sicilia y en
agosto atacó tierras napolitanas, para acabar entrando en la misma ciudad de
Nápoles el 7 de septiembre. Francisco II se refugió en una fortaleza de
Gaeta. El gobierno de Cerdeña, mientras simpatizó con la causa de Garibaldi, se
mantuvo en una posición neutral; sin embargo, cuando éste amenazó con atacar
Roma, que estaba protegida por los franceses, se alarmó. Con el permiso de
Napoleón III, Cavour trasladó sus tropas a los Estados Pontificios en un
intento de bloquear el avance de Garibaldi. Finalmente, Cerdeña se hizo con
casi la totalidad de los Estados Pontificios dejando al papa sólo la posesión
de Roma y sus inmediaciones. Mientras tanto, se celebraron plebiscitos en
Nápoles y Sicilia, así como en las zonas fronterizas y Umbría, todos ellos con
resultado favorable a la unión con el reino de Piamonte-Cerdeña, que desde la
primera mitad de 1860 había pasado a denominarse Reino de Italia del Norte.
El 17 de marzo de 1861 tuvo
lugar la proclamación del reino de Italia. Víctor Manuel II pasó a ser su
rey y Cavour el primer ministro. Sin embargo, aún quedaban dos regiones fuera
del reino, Roma y Venecia. Cavour, que estaba trabajando para conseguir una
unificación pacífica de todo el reino, murió en junio. Al año siguiente
Garibaldi marchó a Sicilia y organizó la marcha sobre Roma. Temeroso de una
intervención francesa, el gobierno italiano denunció a Garibaldi, que junto con
sus seguidores, fue detenido por las tropas del rey cuando desembarcó en Calabria
y obligado a rendirse en agosto de 1862. En 1866 Italia se alió con Prusia en
la Guerra Austro-prusiana contra Austria y finalmente se hizo con el control de
Venecia. Por el contrario, Roma seguía siendo reacia a la unificación, animada
por la victoria que Francia y el Papado habían obtenido frente a la nueva
tentativa de Garibaldi y sus seguidores, que habían sido derrotados en Mentana
(1867). En 1870, las reservas francesas que participaban en la Guerra
Franco-prusiana indujeron a Napoleón III a retirar sus tropas de Roma, con lo
que los italianos pudieron finalmente entrar en la ciudad. En octubre se
celebró un plebiscito cuyo resultado fue favorable a la unión con el reino de
Italia, y en julio de 1871 Roma se convertía en la capital de la Italia unificada.
6.4.1
|
|
La aventura
colonial
|
Tras la muerte de Víctor Manuel
(enero de 1878), su hijo, Humberto I, ascendió al trono de Italia. Durante su
reinado, Italia firmó en 1882 la Triple Alianza con Alemania y el Imperio
Austro-Húngaro, que imponía una división de Europa en dos bloques enfrentados.
Humberto I fue asesinado el 29 de julio de 1900 por un anarquista, tras lo cual
su hijo, Víctor Manuel III, ocupó el trono. Mientras tanto, animado por los
ejemplos de Francia y Gran Bretaña y por el deseo de que los problemas sociales
y económicos del país pasaran inadvertidos, el gobierno puso en marcha un
programa de política colonial. A comienzos de 1885, una expedición italiana
ocupaba una parte de África oriental que en 1890 se consolidó como la colonia
italiana de Eritrea. Ese mismo año Italia creó un protectorado al sur de la
Somalia británica. Después, el primer ministro Francesco Crispi decidió avanzar
posiciones desde los territorios costeros y tomar las tierras interiores de
Etiopía, pero en 1896 los italianos sufrieron una seria derrota en Adua y, por
el Tratado de Addis Abeba, se vieron obligados a reconocer la independencia de
Etiopía. En 1911 intentó hacerse con el dominio de Libia y entró en guerra con
el Imperio otomano, consiguiendo finalmente la posesión de Tripolitania y
Cirenaica.
6.4.2
|
|
Italia antes de la
I Guerra Mundial
|
Entre 1901 y 1914, el primer
ministro Giovanni Giolitti gobernó en el país, siendo éste un periodo
caracterizado por el intenso desarrollo social y económico. Giolitti fue acusado
de interferir en el proceso electoral, de tolerar el proteccionismo y de haber
creado en la práctica una dictadura parlamentaria, sin embargo, fue el artífice
de la creación de la Italia moderna. Mientras presidió el Consejo llevó a cabo
un gran número de reformas: reconoció el derecho a la huelga de los
trabajadores, introdujo cambios en la ley electoral que permitieron a un mayor
número de votantes participar en los sufragios, permitió la participación de
los católicos en la toma de decisiones políticas y además se aprobó la primera
ley destinada a la estimulación del desarrollo de la zona meridional del país.
En cuanto a la política exterior, mejoró la relación con Francia mientras
Italia formó parte de la Triple Alianza. Durante la era Giolitti, la tasa de
crecimiento industrial era del 87% y el salario de la masa trabajadora creció
por encima del 25%, y además se redujo la jornada laboral y se garantizó el
derecho de los trabajadores a disfrutar de días de descanso. En muchos
aspectos, Italia era una democracia en vías de formación, pero el estallido de
la I Guerra Mundial frenó su proceso de crecimiento.
6.4.3
|
|
La I Guerra
Mundial
|
Cuando en agosto de 1914 estalló
la I Guerra Mundial, el gobierno italiano abandonó la Triple Alianza y se
declaró neutral. Tras la firma del Tratado de Londres con las potencias
aliadas, Italia declaró la guerra al Imperio Austro-Húngaro, al Imperio otomano
y un año más tarde a Alemania. Italia envió un gran ejército a la región de
Trentino, en el Tirol meridional; después, en 1916, los austriacos atacaron en
varios puntos del noreste de Trento y de la orilla oriental del río Adigio, y
se hicieron con las ciudades de Asiago y Asiero. Los italianos lograron
recuperar casi todo el territorio y tras lanzar una ofensiva sobre el río
Isonzo, en la región de Venecia Julia, el 9 de agosto tomaron la ciudad de
Gorizia. Sin embargo, el ejército italiano avanzaba poco. En octubre de 1917,
un ejército conjunto de austriacos y alemanes atacó a los italianos, que
sufrieron una dramática derrota en Caporetto. Los italianos retrocedieron y
abandonaron tanto Gorizia como las mesetas de Kras. La línea italiana desde los
Alpes Julianos hasta el mar Adriático se encontraba amenazada por el enemigo.
Los italianos se retiraron al río Piave y, ayudados por un pequeño grupo
contingente franco-británico, consolidaron sus defensas y pudieron enfrentarse
con el ejército austriaco que atacó en junio de 1918. Los italianos y sus
aliados tomaron la iniciativa en la ofensiva, y consiguieron una victoria aplastante
en la batalla de Vittorio Véneto, que tuvo lugar entre el 24 de octubre y el 4
de noviembre. Después, el ejército italiano ocupó Udine y Trento, al tiempo que
la Marina desembarcaba en Trieste. Entretanto, el 3 de noviembre, el gobierno
de Austria-Hungría y los aliados firmaron un armisticio. Las bajas italianas
durante la guerra superaron el medio millón. En los tratados firmados tras el
conflicto, Italia se hizo con el control del Trentino-Alto Adigio hasta el paso
del Brennero, Trieste, Istria y el Tirol meridional, pero no consiguió hacerse
con el resto de los territorios que contemplaba el Tratado de Londres,
especialmente Dalmacia y Fiume, lo que generó la cuestión del irredentismo
italiano. En noviembre de 1920 Italia y el Reino de los Serbios, Croatas y
Eslovenos (posteriormente llamado Yugoslavia) firmaron el Tratado de Rapallo,
por el que Italia renunciaba a Dalmacia y Fiume pasaba a ser una ciudad libre.
6.4.4
|
|
Los años de la
posguerra
|
Entre 1919 y 1922, el país vivió
una etapa de problemas sociales y políticos, inflación y conflictos económicos
que se agravaron por la creencia de que Italia había ganado la guerra pero
había perdido la paz. Bandas armadas con fuertes inclinaciones nacionalistas,
los fascistas se enfrentaban con grupos socialistas y comunistas en Roma,
Bolonia, Trieste, Génova, Parma y otros puntos del país. Durante el último
mandato de Giolitti (1920-1921), se recuperó al menos en apariencia la
normalidad. El primer ministro creó un bloque nacional integrado por liberales,
nacionalistas y otros grupos políticos, incluidos los fascistas, pero no
consiguió consolidar una mayoría parlamentaria estable debido a la oposición de
los dos partidos políticos mayoritarios: el Partido Socialista Italiano (PSI) y
el recién creado Partido Popular Católico (o democristiano). Ante la situación,
Giolitti dimitió, quedando el país sumido en un periodo de incertidumbres.
Muchos propietarios temían que los campesinos les arrebataran sus tierras, la
clase media y los empresarios temían el advenimiento de un régimen del tipo
soviético y los conservadores católicos temían que el socialismo, el comunismo
y el ateísmo amenazaran el orden religioso. El 24 de octubre de 1922, el líder
del movimiento fascista, Benito Mussolini, que contaba con el apoyo de los
conservadores y de antiguos militares, pidió que la formación del gobierno le
fuera encargada a su partido, e incluso amenazó con tomar el poder por la
fuerza si su propuesta era rechazada. Los fascistas organizaron la denominada
'Marcha sobre Roma' que acabó con la dimisión del primer ministro, Luigi Facta.
El 28 de octubre de ese año, el rey Víctor Manuel III le encargó a
Mussolini la formación de un nuevo gobierno.
6.4.5
|
|
La dictadura
fascista
|
Aunque Mussolini fue investido de
amplias prerrogativas de gobierno con objeto de restaurar el orden en el país,
al principio gobernó dentro de los márgenes constitucionales. En 1923 encabezó
un gobierno de coalición en el que participaban liberales, nacionalistas, y
católicos, así como los seguidores del fascismo. La violencia desatada en las
elecciones de 1924 y el asesinato del diputado socialista Giacomo Matteotti ese
mismo año provocó la supresión del orden constitucional. Poco a poco Mussolini
creó un Estado totalitario en el que el Parlamento carecía de poderes. Además,
se declaró responsable de sus actos sólo ante el rey y obligó al Parlamento a
que reconociera su autoridad para aprobar decretos con rango de ley. También
estableció la censura de los medios de comunicación y en 1926 suprimió los partidos
de la oposición.
6.4.5.1
|
|
Política económica
|
En 1928 nuevas medidas se sumaron a
las anteriores en el proceso de transformación de la nación en un estado
fascista. El poder supremo estaba en manos del Gran Consejo Fascista, al que
pertenecían los altos cargos del partido y cuyo presidente era el primer
ministro. El Gran Consejo elegía a los candidatos a la Cámara de Diputados,
además de tener la prerrogativa de ser consultado sobre cualquier cuestión de
importancia, especialmente sobre la elección de un heredero al trono y sucesor
de Mussolini. El dictador consiguió uno de sus triunfos diplomáticos más
importantes en 1929 con la firma de los Pactos de Letrán entre el Estado
italiano y la Santa Sede, que acabaron con 60 años de controversia sobre el poder
temporal del papa, que se originó tras la creación en Roma de la Ciudad del
Vaticano. En 1934, la creación de 22 corporaciones en las que estaban
representados los trabajadores y los empresarios del país, supuso un paso más
en la reorganización de la actividad económica de Italia como Estado
corporativo. Todas las corporaciones contaban con miembros del partido fascista
en sus consejos de administración, y Mussolini era el presidente de todas
ellas. Los distintos consejos formaron el Consejo Nacional de Corporaciones.
Durante la depresión económica
mundial que comenzó en 1929, el gobierno fascista acentuó su intervención en la
economía del país para evitar la desintegración de numerosas industrias. La
construcción de nuevas fábricas o la ampliación de las ya existentes no podía
llevarse a cabo sin el consentimiento expreso del gobierno, que reorganizó la
industria metalúrgica, amplió las plantas hidroeléctricas y se embarcó en una
serie de proyectos de obras públicas. Casi a finales de 1933, Mussolini anunció
que la Cámara de Diputados debía transferir sus funciones al Consejo Nacional
de Corporaciones, hecho que ocurrió en 1939, en que la Cámara de Diputados
cedió su lugar a la Cámara de Fascios y Corporaciones, formada por 800 miembros
nombrados por el Consejo Nacional de Corporaciones. Las corporaciones de los
distintos sectores industriales se encargaban de regular los precios y salarios
y planificar la política económica, entre otras funciones.
6.4.5.2
|
|
La relación con
Alemania
|
El nombramiento en 1933 de Adolf
Hitler como canciller de Alemania fue recibido con cautela por la censurada
prensa italiana. Hitler, en cambio, manifestó su simpatía hacia el fascismo
italiano. No obstante, el eje germano-italiano no se formó inmediatamente, y
las relaciones entre Francia e Italia incluso mejoraron durante cierto tiempo,
en parte debido al intento alemán de incorporar Austria al III Reich en
1934. Mussolini mandó 75.000 soldados italianos a la frontera con Austria y
anunció que intervendría si Alemania invadía Austria. Italia dio un paso más en
su relación con las potencias que habían sido sus aliadas durante la
I Guerra Mundial en 1935, al formar junto con Francia y Gran Bretaña el
Frente de Stresa, instituido en una conferencia celebrada en esta ciudad italiana
para protestar contra las reiteradas violaciones del Tratado de Versalles por
parte de Alemania.
6.4.5.3
|
|
La campaña de
Etiopía
|
El suceso que trastocó la alineación
de los países europeos y propició el entendimiento entre las dictaduras
nacionalista de Alemania y fascista de Italia fue la invasión italiana de
Etiopía en 1935. Era un hecho admitido que este país africano quedaba dentro de
la esfera de influencia italiana, al que estaba vinculado por numerosos
acuerdos, sobre todo comerciales. Sin embargo, Italia aprovechó cualquier
ocasión para intentar hacerse con el control de Etiopía y convertirla en una
colonia del imperio italiano. Antes del estallido de la guerra, Italia y
Francia firmaron en 1935 un acuerdo por el que Italia se comprometía a ayudar a
Francia, que pretendía evitar el rearme de Alemania, y a cambio Francia se
comprometía a entregar ciertas posesiones africanas a Italia. Gran Bretaña, que
vio en la agresiva política de expansión italiana una amenaza para sus
intereses en África, se opuso enérgicamente al plan de Mussolini.
El 3 de octubre Italia invadió
Etiopía. Cuatro días más tarde, la Sociedad de Naciones acusó a Italia de
violar los compromisos adquiridos y le impuso sanciones económicas por su
agresión. Sin embargo, la Sociedad de Naciones fue incapaz de hacer efectivas
dichas sanciones, lo que contribuyó a que Mussolini consiguiera su propósito y,
el 9 de mayo de 1936, el dictador ocupó oficialmente Etiopía y proclamó al rey
Víctor Manuel III emperador de Etiopía. En el plazo de un mes, junto con
Eritrea y la Somalia italiana, Etiopía formó la colonia del África Oriental
Italiana. En octubre de 1936, tras el reconocimiento alemán de la conquista de
Italia, Hitler y Mussolini firmaron un acuerdo de actuación conjunta de cara a
conseguir sus objetivos comunes.
6.4.5.4
|
|
La Guerra Civil
española
|
El apoyo activo de Mussolini a
la causa del general Francisco Franco en la Guerra Civil española contribuyó a
complicar el ya difícil panorama de la economía italiana. Las tropas italianas
desempeñaron un papel de importancia en las batallas de Málaga y Santander. La
Fuerza Aérea italiana participó en numerosos combates y los submarinos
italianos hundieron, supuestamente, muchos barcos neutrales que se dirigían a
los puertos leales al gobierno republicano cargados de combustible, alimentos y
otros suministros. En la batalla de Guadalajara (marzo de 1937), el ejército
republicano derrotó a las fuerzas italianas. Según un oficial italiano, la
derrota se saldó con 4.000 bajas y 15.000 heridos.
6.4.5.5
|
|
El Eje Roma-Berlín
|
La cooperación entre Italia y
Alemania empezó a dar sus frutos en 1937. Después de la visita de Mussolini a
Alemania, en septiembre, Italia anunció su adhesión al Pacto Anti-Komintern que
habían suscrito Alemania y Japón, y poco después abandonó la Sociedad de
Naciones. La primera acción importante de la política de apoyo a Alemania fue
la negativa de Mussolini a ayudar a Austria cuando en marzo de 1938 ésta fue
anexionada por Alemania. Mientras tanto, la ideología nazi encontraba en Italia
una aceptación cada vez mayor, lo que se reflejó en la adopción de una serie de
medidas encaminadas a impedir la participación en la vida pública de los judíos
italianos. Dichas medidas se completaron con la aprobación de una ley para
excluir a los judíos de los órganos de gobierno tanto civiles como militares.
En el transcurso de las negociaciones del Pacto de Munich (1938) y la posterior
invasión alemana de los Sudetes (que condujo a la desintegración del Estado
checoslovaco), Mussolini apoyó en todo momento las demandas de Hitler. En mayo
de 1939 firmaron un pacto de ayuda militar, cuyas consecuencias más inmediatas
fue la anexión de Bohemia y Moravia por parte de Alemania y la de Albania por
parte de Italia.
6.4.6
|
|
La II Guerra
Mundial
|
Cuando en septiembre de 1939 comenzó
la II Guerra Mundial, Mussolini dejó claro que él no estaba obligado a
ayudar militarmente a Alemania, ya que anteriormente había dejado muy claro a
los nazis que Italia no estaría preparada para la guerra hasta 1942.
6.4.6.1
|
|
La entrada en la
guerra
|
Los éxitos de Alemania durante el
primer año del conflicto, hicieron que Mussolini cambiara su política. En junio
de 1940, Francia había sido derrotada y Gran Bretaña estaba aislada frente al
poderoso Ejército alemán; Italia decidió intervenir en el conflicto y conceder
un armisticio a Francia. En agosto de 1940, el Ejército italiano del África
Oriental ocupó la Somalia británica, y el mes siguiente las tropas fascistas de
Libia y el África Oriental Italiana desplegaron una gigantesca maniobra que
tenía como objetivo aplastar las defensas británicas de Egipto. El 28 de
octubre de 1940, las fuerzas fascistas desplegadas en Albania invadieron
Grecia, en teoría para desviar las tropas británicas de Egipto y asegurarse
posiciones en la península griega. No obstante, la invasión no tuvo éxito y los
griegos consiguieron expulsar a los italianos de Grecia y Albania. La derrota,
a la que le siguieron las victorias británicas en el Mediterráneo y Egipto,
hizo tambalearse los cimientos del régimen fascista. Mussolini se vio obligado
a pedirle ayuda a Hitler, con lo que a partir de entonces la influencia alemana
fue cada vez mayor en todos los campos de la política italiana. Los grandes
cambios realizados en la cúpula militar italiana y otras reformas puestas en
práctica no lograron devolver la moral al pueblo italiano.
6.4.6.2
|
|
La ocupación de
los Balcanes
|
En 1941, Italia, además de sufrir
varias derrotas, veía cómo la crisis económica empeoraba a causa del bloqueo
aliado. Los sentimientos antifascistas se propagaron entre la población. El
resultado satisfactorio de la campaña de los Balcanes, que fue posible gracias
a la ayuda de Alemania, compensó de alguna manera a los fascistas, ya que
Italia se había hecho con el control de algunos territorios más. Mediante un
acuerdo con Alemania, Italia recibió la casi totalidad de Grecia, aunque muy
pronto se dio cuenta de que sus posesiones en los Balcanes eran un espejismo,
en vista de que era Alemania quien realmente ejercía el control del territorio
griego. Además, Italia se vio obligada a pagar un precio cada vez mayor por la
ayuda militar de Hitler. Las reservas de alimentos y otros artículos disminuían
como consecuencia de las enormes cantidades que eran enviadas al III Reich a
cambio del carbón y el petróleo alemán. Italia declaró la guerra a la Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) el 22 de junio de 1941, el mismo día
que se produjo la invasión alemana, y cinco semanas más tarde, la I división
italiana partió hacia el frente soviético. Las dificultades que encontró
Alemania en su ofensiva hicieron que Hitler ejerciera cada vez más presión
sobre el dictador italiano.
6.4.6.3
|
|
La entrada de
Estados Unidos en el conflicto
|
Al tiempo que sucedían estos hechos,
las relaciones entre Estados Unidos e Italia se deterioraban progresivamente.
En marzo, el gobierno de Estados Unidos retuvo 28 barcos mercantes italianos en
los puertos del país y arrestó a los miembros de las tripulaciones que
sabotearon las embarcaciones por orden del agregado naval italiano en
Washington D.C. Además, exigió la inmediata destitución del agregado, ante
lo cual Italia respondió exigiendo la destitución del agregado militar
estadounidense en Roma. En junio, las propiedades del gobierno italiano en
Estados Unidos fueron confiscadas, ante lo cual Italia actuó de igual manera
con las propiedades estadounidenses en el país. La alineación de países alcanzó
su punto de máxima tensión en diciembre, cuando Mussolini, tras el ataque
japonés a Pearl Harbor, declaró la guerra a Estados Unidos.
En 1942, el fascismo italiano
tenía ante sí un panorama desalentador. En el norte de África las efímeras
victorias italo-germanas se desvanecían ante las ofensivas enérgicas lanzadas
por los británicos. Las tropas del Eje sufrieron serios reveses en la URSS. Las
tropas de ocupación italianas en Albania, Yugoslavia y Grecia sufrieron
pérdidas de consideración a causa de la resistencia planteada por sus
respectivas guerrillas.
6.4.6.4
|
|
El control alemán
|
Mientras el pueblo italiano se
enfrentaba a un crudo invierno debido a la escasez de alimentos y combustible,
el control alemán sobre el país, la corrupción e ineficacia de los oficiales
fascistas y el incumplimiento de las leyes de racionamiento por parte de los
más ricos e influyentes contribuía a crear un ambiente dominado por la falta de
moral. En octubre, los británicos protagonizaron una serie de ataques aéreos
contra las ciudades industriales del norte del país. Por otra parte, las tropas
británicas y estadounidenses establecieron bases aéreas en Argelia y Cirenaica
y bombardearon el sur de Italia. El prestigio político del régimen fascista era
cada vez menor. En febrero de 1943, con la esperanza de cambiar la situación,
Mussolini asumió el control absoluto de los asuntos políticos y de las operaciones
militares. Cuando en mayo las tropas del Eje fueron derrotadas en Tunicia, creó
un Consejo de Defensa para prepararse contra una posible invasión aliada del
país. Todos sus esfuerzos por reforzar las defensas y levantar la moral del
país resultaron infructuosos ante los ataques aéreos de los aliados.
6.4.6.5
|
|
La invasión de
Italia
|
El 10 de julio de 1943,
tras la capitulación de la isla italiana de Pantelleria, lugar de gran
importancia estratégica en la zona del Mediterráneo, el ejército aliado invadió
Sicilia. Seis días después, el presidente de Estados Unidos Franklin D.
Roosevelt y el primer ministro británico Winston Churchill se dirigieron a
través de un mensaje por radio al pueblo italiano pidiendo su inmediata
rendición para evitar mayores devastaciones. Al día siguiente, los aviones
aliados arrojaron sobre Roma panfletos advirtiendo de un posible ataque contra
las instalaciones militares próximas a la ciudad y prometiendo el máximo
cuidado para no destruir ni edificios habitados ni monumentos. Aproximadamente
unos 500 bombarderos aliados tomaron parte en la destrucción de los depósitos
de armas, fábricas de municiones y aeródromos cercanos a la ciudad.
El bombardeo desencadenó un éxodo masivo
de la población romana y provocó el estallido de la crisis política. Durante el
ataque, Mussolini se encontraba en Verona con Hitler decidiendo las medidas que
había que tomar frente a la invasión aliada. Cuando regresó a Roma tuvo que
hacer frente a la petición de una reunión del Gran Consejo Fascista para analizar
la crisis del Ejército italiano. Tras un duro debate, el Consejo retiró su
confianza a Mussolini. El 25 de julio, el rey Víctor Manuel III solicitó
su dimisión y lo puso bajo arresto militar. Además, le encargó al mariscal
Pietro Badoglio la formación de un nuevo gobierno, cuyas primeras medidas
fueron decretar la completa abolición de las organizaciones fascistas en
Italia.
6.4.6.6
|
|
Capitulación y
armisticio
|
La caída de Mussolini provocó la
celebración de clamorosas manifestaciones pacíficas en todo el país. Mientras
tanto, los aliados continuaban su avance en Sicilia. Churchill instó a Italia a
elegir entre romper su alianza con Alemania o sufrir las consecuencias de un
agravamiento del conflicto. El general Dwight D. Eisenhower, comandante en jefe
de las fuerzas aliadas, prometió al pueblo italiano una paz honrosa si los
italianos retiraban su ayuda a los alemanes. A mediados de agosto, cuando los
aliados iniciaron la invasión de la península italiana, un representante del
primer ministro Badoglio llegó a Lisboa con la oferta de unirse a los aliados
contra Alemania. Oficiales estadounidenses y británicos negociaron con el
emisario italiano, partiendo de la base de la rendición incondicional de
Italia. El 3 de septiembre, día en que comenzó la invasión del sur de Italia,
se firmó el armisticio.
6.4.6.7
|
|
La lucha por
Italia
|
El anuncio del armisticio desencadenó
una trepidante carrera entre aliados y alemanes para hacerse con los
territorios, bases, armas, suministros, comunicaciones y demás material anteriormente
bajo control italiano. Una gran fuerza anfibia británico-estadounidense
desembarcó en las playas de Salerno, al sur de Nápoles, para dirigirse al
interior y cercar las unidades alemanas que estaban en la vanguardia del
Ejército británico. Sin embargo, los alemanes refrenaron el avance de las
tropas aliadas hasta que las unidades alemanas del sur de Italia se retiraron.
Además, tomaron las ciudades y puntos estratégicos del centro y norte del país,
desarmaron a las tropas italianas y rodearon a miles de supuestos enemigos. El
10 de septiembre ocuparon Roma, de donde dos días antes habían huido el rey
Víctor Manuel III y Badoglio. Los aliados fueron más afortunados en la
carrera por el control de la flota italiana. En respuesta a un mensaje del comandante
de marina aliado en el Mediterráneo, todos los barcos de guerra italianos
útiles abandonaron sus bases en La Spezia y otros puertos italianos para
rendirse a los aliados, según los términos del armisticio firmado por Italia.
Los alemanes conservaron la ayuda de los
profascistas italianos gracias al anuncio, en septiembre, de la proclamación de
la República Social Italiana, regida por Mussolini en oposición al gobierno de
Badoglio. El dictador italiano había sido liberado de su prisión por tropas paracaidistas
alemanas, por lo que no pudo hacerse efectiva la promesa de Badoglio de
entregar Mussolini a los aliados.
6.4.6.8
|
|
Italia declara la
guerra a Alemania
|
Según las peticiones de los aliados y
del pueblo italiano, el 13 de octubre, Badoglio hizo pública la declaración de
guerra por parte de Italia a Alemania y reorganizó su gobierno de forma más
democrática. Para llevar a cabo su pretensión de contar para su gabinete con
los líderes de varios grupos políticos antialemanes, inició una serie de consultas
con los dirigentes de seis partidos políticos disueltos por Mussolini que
habían formado el Comité de Liberación Nacional. Sin embargo, dichas
formaciones manifestaron que sólo consentirían en formar un gobierno
representativo si el rey abdicaba. Víctor Manuel se negó y Badoglio renunció a
tomar parte en cualquier acto tendente a su expulsión. Como solución temporal,
organizó el llamado 'gobierno técnico de expertos' no pertenecientes a partidos
políticos cuyo objetivo era dotar al país de un gobierno. En noviembre el
Comité de Liberación Nacional votó en contra del primer ministro y pidió la
abdicación del rey.
En abril de 1944, Víctor
Manuel III anunció su decisión de retirarse de la vida pública y nombró a
su hijo Humberto, más tarde Humberto II, lugarteniente general del Reino,
nombramiento que sería efectivo cuando las tropas aliadas entrasen en Roma.
Esto dejó libre el camino para la formación de un gobierno representativo del
Comité de Liberación Nacional. El Ejército aliado liberó Roma el 4 de junio,
tras lo cual el rey abdicó en su hijo Humberto. Sin embargo, los dirigentes de
los partidos del Comité se negaron por unanimidad a formar gobierno bajo las
órdenes de Badoglio. Finalmente, el puesto de primer ministro fue ocupado por
Ivanoe Bonomi, que formó un gobierno de coalición.
Los planes de reformas internas que
este gabinete pretendía llevar a cabo resultaron en su mayor parte nulos, ya
que el gobierno se encontraba bajo la jurisdicción y control de los aliados.
Oficiales estadounidenses y británicos, temerosos de todo lo que pudiera
obstaculizar los esfuerzos de guerra aliados, vetaron todas las tentativas de
cambio económico o social. Las autoridades aliadas tampoco veían con buenos
ojos a los voluntarios antifascistas y a los miembros de la resistencia, la
mayoría de ellos radicales. El nuevo gobierno manifestaba, pese a su
heterogeneidad, cierto consenso respecto a los temas políticos básicos. Los
liberales de clase media y los radicales de clase obrera compartían la creencia
de que los términos del armisticio serían modificados y de que Italia tendría
la oportunidad de transformarse en una democracia independiente. Los comunistas
y socialistas, enconados adversarios políticos, pedían reformas económicas.
Incluso entre los comunistas y los católicos existían parcelas de entendimiento
común.
6.4.6.10
|
|
Un duro invierno
|
El invierno de 1944-1945 estuvo
marcado por las grandes penalidades que hubo de soportar la población, en
especial las regiones devastadas por los alemanes en su retirada. Por todo el
centro del país se veían pueblos incendiados, campos inundados y fábricas, vías
férreas, estaciones eléctricas y puentes en estado ruinoso. Unas 800.000 ha de
tierras de cultivo estaban sin sembrar y los artículos de primera necesidad
habían alcanzado precios prohibitivos. A la vista de la miseria generalizada,
el PSI y el partido de Acción criticaron duramente el liderazgo de Bonomi. La
paralización de la actividad industrial, el desempleo masivo y la elevadísima
inflación frustraban los esfuerzos del gobierno encaminados a la rehabilitación
de la economía del país.
6.4.6.11
|
|
La muerte de
Mussolini
|
La ofensiva aliada final comenzó en
abril de 1945 y a finales del mes el Ejército alemán había sido completamente
derrotado. Mussolini, junto con su amante, Clara Petacci, y varios oficiales de
alta graduación, cayó en manos de los partisanos en una pequeña ciudad cercana
al lago Como. Tras la celebración de un juicio sumarísimo, el 28 de abril
fueron ejecutados. Después de producirse la rendición de los alemanes, el 2 de
mayo del mismo año, los seguidores de Mussolini sufrieron crueles actos de
venganza. Sólo en Milán, más de 1.000 seguidores del fascismo fueron fusilados.
6.4.6.12
|
|
El ascenso de De
Gasperi
|
En cumplimiento de una promesa
previa, Bonomi dimitió tras la liberación del norte de Italia. Tras ello, se
formó un gobierno de coalición con representación de todos los miembros del
Comité de Liberación Nacional. El nuevo gobierno encabezado por Ferruccio
Parri, líder del Partido de Acción, no fue capaz de dar soluciones a los
problemas con que se enfrentaba Italia. En octubre, los monárquicos y los
dirigentes del Partido Liberal acusaron al primer ministro Parri de violación
de la tregua sobre la cuestión de la monarquía, y éste se vio obligado a
dimitir. La crisis consiguiente quedó patente en las manifestaciones violentas
en protesta por el alto índice del coste de vida en el sur de Italia. El Comité
de Liberación Nacional decidió finalmente nombrar primer ministro a Alcide de Gasperi,
líder del Partido de la Democracia Cristiana, que asumió el cargo el 9 de
diciembre.
El año 1946 fue de una
dureza sin par para la mayoría del pueblo italiano. Aunque las privaciones
daban lugar a ocasionales manifestaciones del malestar civil que dominaba el
ambiente, el estado de la población fue de indiferencia durante la campaña que
precedió al referéndum nacional y durante las elecciones de junio para elegir
la Asamblea Constituyente. En abril, durante la convención del Partido de la
Democracia Cristiana, quedó patente el sentimiento antimonárquico en el
resultado de la votación celebrada, en la cual los partidarios de la república
ganaron por una ventaja de 3 a 1. El 9 de mayo el rey Víctor Manuel III
abdicó en favor de su hijo Humberto II.
Casi 25 millones de votantes,
aproximadamente el 89% de los italianos con derecho a voto, entre los que
figuraban por primera vez las mujeres, ejercieron su derecho en el referéndum y
en las elecciones celebradas respectivamente el 2 y 3 de junio de 1946. El
resultado fue de un 54,3% de electores partidarios de la república. El 10 de
junio, con la proclamación oficial del resultado, Italia se convirtió de
facto en una república. Tres días después el rey Humberto abdicó, abandonó
el país y se estableció en Portugal. Murió en la ciudad suiza de Ginebra en 1983.
6.5.1
|
|
Los principales
partidos políticos
|
Las elecciones a la Asamblea
Constituyente fueron ganadas por los democristianos, que con 207 escaños se
convirtieron en el primer partido de Italia. El PSI obtuvo 115 escaños, el
Partido Comunista Italiano (PCI) 104 y los cuatro partidos minoritarios se
repartieron los 117 escaños restantes. El 28 de junio Enrico de Nicola, del
Partido Liberal, resultó elegido presidente provisional de la República. De
Gasperi continuó en el cargo de presidente del Consejo.
En las deliberaciones que precedieron a la
aprobación del nuevo gobierno republicano por la Asamblea Constituyente
quedaron patentes las divergencias irreconciliables entre comunistas y democristianos,
situación que se agravó a causa de la amenaza constante del hambre y de la
caótica economía italiana. La pérdida de prestigio del gobierno de De Gasperi
animó a los comunistas y socialistas a unirse. En las elecciones municipales de
noviembre de 1946 los resultados reflejaron la pérdida de confianza en los
democristianos en favor de los comunistas, socialistas y partidos de derecha.
6.5.2
|
|
La Conferencia de
Paz de París
|
Entretanto la desesperación de los
italianos aumentaba al conocerse las decisiones preliminares de las cuatro
grandes potencias internacionales (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos y la
URSS), que fueron dadas a conocer en la Conferencia de Paz celebrada en París
en julio de 1946. Entre los acuerdos tomados figuraban la internacionalización
de Trieste, la cesión de varios territorios y el pago de 100 millones de
dólares en concepto de reparaciones a la URSS. Además, el tratado propuesto
imponía a Italia el pago de reparaciones adicionales a otras naciones que
habían sido víctimas del fascismo, restricciones en sus Fuerzas Armadas y que
Gran Bretaña se hiciera cargo del gobierno del África Oriental Italiana, esto
último supeditado a lo que las cuatro potencias decidieran con respecto a las
colonias. A pesar de las protestas de los italianos, el 10 de febrero de 1947
el acuerdo fue firmado; posteriormente, la Asamblea Constituyente lo ratificó
con la abstención de los delegados comunistas y socialistas, y el 15 de
septiembre entró en vigor. Las fuerzas de ocupación aliadas se retiraron del
país poco después. Aunque el sentimiento generalizado del pueblo italiano era
de rechazo hacia el tratado, muchos se tranquilizaron por la actitud mostrada
por el gobierno de Estados Unidos, que había ayudado a que las demandas de los
soviéticos fueran menos duras y había dado muestras de amistad hacia el pueblo
italiano.
A comienzos de 1947, el PSI,
como reflejo de lo que ocurría en otros países europeos y como consecuencia de
su colaboración con los comunistas, sufrió la escisión de parte de sus
miembros, que fundaron el Partido Socialista de los Trabajadores Italianos
(PSLI), luego renombrado Partido Socialista Democrático Italiano (PSDI). El 15
de enero dimitió Pietro Nenni, ministro de Asuntos Exteriores del gabinete de De
Gasperi y líder del grupo procomunista, lo que provocó la dimisión del gobierno
en pleno. De Gasperi formó un nuevo gobierno de coalición en el que estaban
presentes comunistas y socialistas; sin embargo, las relaciones entre los
moderados y los radicales se deterioraron rápidamente poco tiempo después. En
el marco de la Guerra fría entre las democracias occidentales y el bloque
soviético, los italianos tomaron partido de acuerdo con su ideología. En este
periodo, la extrema derecha, formada en su mayor parte por antiguos seguidores
de Mussolini y monárquicos, se volvió cada vez más violenta. El 1 de mayo una
banda armada atacó una marcha encabezada por los comunistas en Greci, Sicilia,
y asesinaron a ocho personas. El incidente provocó una crisis de gobierno que
se prolongó desde el 13 al 31 de mayo. De Gasperi formó un gobierno integrado
por democristianos y técnicos sin afiliación política del que fueron excluidos
los comunistas y socialistas. Inmediatamente comenzó una purga de los miembros
de partidos de izquierdas que ocupaban puestos públicos de importancia.
Los conflictos políticos se agravaron. Con
la convocatoria de manifestaciones multitudinarias y huelgas generales, la
izquierda pretendía acabar con el gobierno de De Gasperi. Por otra parte, la URSS,
para dejar patente su hostilidad hacia Italia, vetó el ingreso de Italia en la
Organización de las Naciones Unidas (ONU). Entretanto, el PCI se convertía en
miembro fundador de la oficina de Información Comunista o Kominform. VéaseInternacional.
6.5.4
|
|
Elecciones
parlamentarias
|
Al tiempo que sucedían estos hechos,
la Asamblea Constituyente había redactado el borrador de la Constitución que
sería aprobada el 22 de diciembre de 1947 por 453 votos a favor y 62 en contra.
La Constitución entró en vigor el 1 de enero de 1948. La campaña electoral que
siguió a la aprobación de la misma fue una de las más dramáticas de la historia
del país. Coincidiendo con una intensificación de la Guerra fría, el proceso
electoral llevó a Italia al borde de la guerra civil. Las demostraciones de
fuerza se convirtieron en el eje de la estrategia política de muchos partidos.
La coalición de izquierda, con el apoyo de la Confederación General Italiana
del Trabajo (CGIL), utilizó la huelga como instrumento político. Como represalia,
el gobierno confiscó las armas y municiones y llevó a cabo manifestaciones
militares intimidatorias en algunas ciudades. El papa Pío XII aprobó la
participación del clero italiano en actividades anticomunistas.
En las elecciones del 18 y 19 de
abril los democristianos obtuvieron una mayoría aplastante, al ser votados por
el 49% de los votantes y conseguir 307 escaños en la Cámara de Diputados y 151
en el Senado. El Frente Popular, la coalición de comunistas, socialistas y
radicales, consiguió 182 escaños en la Cámara de Diputados y 31 en el Senado.
Por último, los socialistas moderados consiguieron 33 diputados y los demás
partidos políticos los 52 escaños restantes.
6.5.5
|
|
La oposición
comunista
|
El mandato de los democristianos
redujo considerablemente el clima de tensión política que se vivía en el país.
Las muestras de fortaleza comunista hacían poco probable que se pudieran
resolver las diferencias que habían dividido al país. El 11 de mayo, Luigi
Einaudi, el candidato que contaba con el apoyo de los democristianos y los
socialistas moderados se convirtió en presidente de la República y De Gasperi
fue nombrado primer ministro.
La llegada de suministros y las
ayudas del Plan Marshall propiciaba la creación de condiciones económicas
favorables de cara a la reconstrucción de la economía italiana. Los comunistas,
de acuerdo con su política de lucha contra el Plan, convocaron huelgas por todo
el país para exigir subidas salariales. La campaña culminó con la huelga
general de 12 horas celebrada el 2 de julio. Durante dos semanas el país se
sumergió en otra grave crisis provocada por el asesinato de Palmiro Togliatti,
secretario general del PCI. La CGIL responsabilizó al gobierno del suceso y
convocó una huelga general en todo el país para obligarlo a dimitir. Durante
dos días se sucedieron manifestaciones violentas en toda Italia. La paz sólo
pudo ser restablecida mediante la movilización de más de 300.000 soldados y
miembros de la policía.
6.5.6
|
|
Problemas
exteriores
|
En 1949, el Frente Popular
trasladó su enfrentamiento contra el régimen democristiano al Parlamento. Los
ataques comunistas de este periodo se centraron en la oposición al ingreso de
Italia en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). No obstante,
con el apoyo unánime de su gabinete y de una amplia mayoría de la Cámara de
Diputados, De Gasperi firmó en Washington D.C. el tratado de adhesión el 4 de
julio de 1949.
Mientras tanto, las cuatros grandes
potencias acordaron que el tema de las colonias italianas en África debía ser
puesto en manos de la ONU. El 21 de noviembre de 1949, la Asamblea General de
esta organización adoptó una resolución al respecto en la que establecía los
mecanismos necesarios para garantizar la independencia de la Somalia italiana
tras un periodo de diez años de gobierno italiano bajo la supervisión de la
organización. Además aprobó la independencia de Libia para el 1 de enero de
1952 y el estudio por parte de una comisión especial del caso de Eritrea.
Tras la adhesión de Italia a la
OTAN, el país continuó colaborando con las democracias occidentales. En julio
de 1950 el gobierno anunció que el ejército italiano estaría compuesto por
250.000 hombres, según el límite impuesto por el tratado de paz de la
II Guerra Mundial, aunque se preveía una ampliación para el siguiente mes
de diciembre. Posteriormente, los países occidentales no exigieron el
cumplimiento de los términos del tratado de paz relativos a las restricciones
impuestas a Italia sobre rearme.
En junio de 1952 el Parlamento
italiano ratificó el Plan Schuman para la creación de la Comunidad Europea del
Carbón y del Acero (CECA), que más tarde se convertiría en la Comunidad
Económica Europea (en la actualidad Unión Europea).
6.5.7
|
|
La caída de De
Gasperi
|
Con objeto de aumentar la efectividad
del poder ejecutivo del gobierno, los democristianos y sus aliados aprobaron en
marzo de 1953 un proyecto de ley de reforma electoral para asegurar que el
partido gobernante pudiera contar con una mayoría suficiente en el Parlamento.
El proyecto de ley establecía que el partido o coalición que hubiese obtenido
en las elecciones el 50% o más de los votos ocuparía el 65% de los escaños en
la Cámara de Diputados.
Los días 7 y 8 de junio
se celebraron nuevas elecciones al Parlamento. Los democristianos fueron otra
vez el partido más votado, con el 40% del total de los votos. Los comunistas
quedaron en segundo lugar con el 22,6% y el recién fundado Movimiento Social
Italiano (MSI, neofascista), que subió más que ningún otro, pasó de un 4,2% de
votos en 1948 al 12,7%, quedando en tercera posición. Giuseppe Pella, anterior
ministro de Hacienda, sucedió a De Gasperi como primer ministro gracias a la
abstención de los socialistas y al apoyo de los monárquicos. No obstante, las
diferencias entre los distintos partidos provocó la caída de varios gobiernos
en los dos siguientes años.
A finales de 1953, el futuro del
territorio libre de Trieste puso a Italia y Yugoslavia al borde de la guerra.
La promesa de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia de buscar una fórmula
válida para ambos países disminuyó la tensión. En 1954 acordaron que la zona
que comprendía la ciudad de Trieste pasara a Italia, mientras que el resto de
la región pasara a Yugoslavia. En 1955 Italia ingresó en las Naciones Unidas.
6.5.8
|
|
Los gobiernos
democristianos
|
El repudio de Iósiv Stalin en el
XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética celebrado en febrero de
1956 sumió al PCI en un estado de confusión y desilusionó a los socialistas
radicales, lo que debilitó la alianza que existía entre ambos. Tras la Revolución
húngara de octubre de ese mismo año, el número de simpatizantes comunistas
disminuyó. La decadencia del partido consolidaba a las fuerzas democráticas.
En las elecciones celebradas el 25 y
26 de mayo de 1958, la coalición centrista obtuvo la mayoría en ambas Cámaras.
El 2 de julio tomó posesión el nuevo gobierno de coalición integrado por los
democristianos y los socialistas moderados, presidido por Amintore Fanfani. En
1959, Antonio Segni, con un gobierno compuesto exclusivamente por democristianos
se hizo con el poder. Las fuertes críticas suscitadas por la visita del
presidente Giovanni Gronchi a la URSS en febrero de 1960 provocó la caída del
gobierno un mes más tarde. En julio, Fanfani volvió a ocupar la presidencia del
Consejo con el voto a favor de tres partidos centristas y obtuvo la aprobación
de su nuevo gabinete, integrado exclusivamente por democristianos. Dos años
después, el antiguo primer ministro Segni, que había sido ministro de Asuntos
Exteriores en el gobierno Fanfani, resultó elegido presidente de la república.
En 1962, las elecciones municipales
sirvieron para confirmar el fuerte apoyo popular a los partido gobernantes y la
pérdida de prestigio de los comunistas, que por primera vez en muchos años
perdían la confianza de los votantes. Posteriormente, la falta de entendimiento
entre los partidos que apoyaban al gobierno era cada vez mayor, sobre todo como
consecuencia de la crítica comunista hacia la política de Fanfani, al que los
comunistas acusaban de no haber sabido promover reformas económicas y asegurar
el desmantelamiento de las bases de misiles de la OTAN en territorio italiano.
Aunque en enero de 1963 todos los partidos acordaron seguir apoyando a su
gobierno, las elecciones al Parlamento de los días 28 y 29 de abril marcaron el
comienzo del declive del gobierno Fanfani. El voto democristiano bajó al 38,3%,
mientras que el comunista subía hasta el 25,3%. Fanfani dimitió el 16 de mayo
pero siguió al frente del gobierno provisional hasta que Giovanni Leone,
presidente de la Cámara de Diputados, formó un gobierno provisional en el que
los democristianos estaban en minoría.
6.5.9
|
|
El regreso de la
izquierda
|
En octubre, los elementos moderados
del PSI bajo la dirección de Nenni acordaron formar parte de un gobierno de
centro-izquierda, hecho que no se producía desde 1947. El democristiano Aldo
Moro formó entonces un gobierno de coalición con la participación de cuatro
partidos y él mismo asumió el cargo de primer ministro.
Durante 1964 no fue posible el
entendimiento entre los conservadores y los socialistas moderados, con lo que
la situación empeoró ante la perspectiva de perder el periodo de auge económico
que ya duraba seis años ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo para
enfrentarse a la posible crisis económica. Sin embargo, el 4 de marzo de 1965,
los cuatro partidos del gobierno de coalición acordaron olvidar sus diferencias
políticas y emprender una acción conjunta para luchar contra la recesión
económica. Durante 1965 y 1966, el gobierno dirigido por Moro contó con la confianza
de los partidos de la coalición.
Desde finales de la década de
1960, el país había experimentado una serie de dramáticos cambios sociales,
económicos, políticos y religiosos. En 1968 los estudiantes se enfrentaron con
la policía en el campus universitario de Roma y otras ciudades en demanda de
reformas en el sistema educativo. Por su parte, los trabajadores convocaron
huelgas generales para pedir la reforma de la seguridad social. Las demandas
feministas llevaron a la aprobación de la ley del divorcio en 1973 y la
legalización del aborto en 1978. Los problemas de inflación, desempleo y
depreciación monetaria se agravaron como consecuencia de la recesión de 1974 y
el incremento del precio del petróleo. Esto produjo una subida del déficit y la
necesidad de recurrir a los créditos internacionales por sumas elevadísimas
para evitar la bancarrota del país.
Durante este periodo, el sistema político
italiano tuvo que luchar por mantener el ritmo del cambio. El final de la
década de 1960 y los comienzos de la de 1970 se caracterizaron por la sucesión
de una serie de gobiernos de coalición de corta duración bajo la dirección de
los democristianos. Incluso durante un breve periodo en 1974, el país no tuvo
ningún tipo de gobierno. El agravamiento de la situación económica y la ola de
secuestros y violencia política que azotaban el país supusieron la pérdida de
confianza en el gobierno y el apoyo al PCI y a su secretario general Enrico
Berlinguer.
En las elecciones regionales de 1975,
los comunistas consiguieron el 33% de los votos, lo que les permitió presionar
al gobierno para apoyar una coalición duradera entre los comunistas y los
democristianos. En las elecciones al Parlamento de junio de 1976, los
comunistas alcanzaron el 35% de los votos, mientras que los democristianos
obtuvieron el 39%. El dirigente democristiano Giulio Andreotti formó gobierno
con el respaldo de los comunistas. En julio de 1977, los comunistas lograron
tener influencia en las decisiones políticas del país. En enero de 1978 se
desploma el gobierno Andreotti bajo la insistencia comunista de que el país
necesitaba que se tomaran medidas económicas de urgencia y de que los
comunistas ocuparan cargos ministeriales. Finalmente, en marzo, Andreotti forma
un nuevo gobierno con el apoyo formal de los comunistas, pero tuvo que dimitir
en enero de 1979 como consecuencia de la pérdida del apoyo de sus aliados.
La violencia y la anarquía que
habían azotado a la sociedad italiana durante la década de 1970, adquirieron
tintes más virulentos hacia el final de la misma. Los terroristas de extrema
izquierda, indignados por la decisión del PCI de aliarse con el gobierno,
iniciaron una serie de ataques dirigidos contra políticos, miembros de la
policía, periodistas y empresarios. En marzo de 1978 el antiguo primer ministro
Aldo Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas, que exigieron, a cambio de la
puesta en libertad de Moro, la excarcelación de otros elementos terroristas. El
gobierno tomó la decisión de no negociar con los secuestradores de Moro, que
más tarde apareció asesinado.
6.5.12
|
|
Coaliciones
inestables
|
Entre junio de 1979 y junio de
1981, los democristianos ocuparon el poder, cosa que ya habían hecho durante
más de tres décadas. En 1981, Giovanni Spadolini, líder del pequeño Partido
Republicano, se convirtió en el primer ministro no democristiano desde la
II Guerra Mundial. Las crisis de gobierno de agosto de 1983 llevaron a la
formación de un nuevo gobierno bajo la dirección de Bettino Craxi, el primer
ministro socialista desde la guerra. Craxi ocupó el cargo hasta marzo de 1987
convirtiéndose de esta forma en el dirigente que más tiempo conservó su cargo.
En 1984, bajo su dirección, el gobierno firmó un acuerdo con el Vaticano en
sustitución de los Pactos de Letrán de 1929 por el que la religión católica
dejó de ser la oficial del país. En julio de 1987, el democristiano Giovanni
Goria le sustituyó en el cargo con un gobierno pentapartido (integrado por
cinco partidos políticos) que se rompió en marzo de 1988. Ocupó entonces el
puesto de primer ministro el dirigente del ala izquierda del partido
democristiano, Ciriaco De Mita. Un año más tarde, en marzo de 1989, De Mita fue
cesado como secretario del partido y dos meses después presentó la dimisión como
primer ministro. Andreotti ocupó por sexta vez el cargo de primer ministro,
pero los enfrentamientos entre los democristianos y la coalición de los cinco
partidos provocó su dimisión en marzo de 1991. Al ser imposible la formación de
un nuevo gobierno, Andreotti volvió al poder en abril con una coalición que
consiguió sobrevivir un año.
6.5.13
|
|
El fin del
pentapartido
|
La caída del régimen comunista
en la Europa oriental influyó de forma decisiva en la política italiana. En
1990, el PCI se rebautizó como Partido Democrático de la Izquierda, cambiaron
la orientación de su política suavizando actitudes anteriores como el ateísmo y
la lucha de clases en favor de cuestiones más actuales como el medio ambiente,
el feminismo y el endémico desajuste económico entre la zona norte del país,
más industrializada, y la sur, donde reinaba la pobreza. El PSI, con Craxi a la
cabeza, intentó unificar a la izquierda y creó el Partido Socialista Unificado.
No obstante, en las elecciones de abril de 1992 los votantes pusieron de
manifiesto su falta de confianza en los partidos existentes: la Democracia
Cristiana, que anteriormente dominaba la escena política obtuvo solamente el
29,7% de los votos, el Partido Democrático de la Izquierda fue segundo con el
16,1%, cuando en las elecciones de 1987 habían obtenido el 26,6% del total de
los votos y los socialistas, los terceros más votados, se hicieron con el
13,6%.
Estos resultados se explican por la
conjunción de una serie de factores tales como la recesión económica, el alto
índice de desempleo, el conocimiento de numerosos casos de corrupción política
y la enorme influencia ejercida por la Mafia. En los dos años siguientes, más
de 6.000 personajes públicos entre políticos, miembros del poder judicial e
importantes hombres de negocios fueron puestos bajo investigación judicial o
arrestados como consecuencia de los casos de soborno y corrupción política.
Como consecuencia de estos escándalos Craxi presentó su dimisión como dirigente
del Partido Socialista a comienzos de 1993, y tras las elecciones de abril se
aprobaron ocho nuevas medidas encaminadas a la reforma del sistema electoral
italiano. El primer ministro Giuliano Amato dimitió y ocupó su lugar el que
había sido gobernador del Banco de Italia, Carlo Azeglio Ciampi.
En las elecciones de marzo de
1994 una coalición formada muy poco antes, el Polo de la Libertad, se hizo con
el poder al conseguir el 58% de los votos. La coalición de izquierda obtuvo el
34% y los partidos de centro, poderosos en el pasado, se hicieron con un 7% de votos.
El Polo estaba formado por la Liga Norte (anteriormente llamada Liga Lombarda),
que en las elecciones de 1992 había quedado en cuarta posición y que abogaba
por la división de Italia en tres repúblicas independientes, pero que en 1994
moderó su anterior postura y puso mayor énfasis en los temas económicos y de
impuestos; la Alianza Nacional y el jovencísimo partido Forza Italia, creado
por el magnate de los medios de comunicación Silvio Berlusconi. La victoria del
Polo de la Libertad daba a la derecha la mayoría absoluta en la Cámara de
Diputados y se convertía en el grupo más fuerte en el Senado. Forza Italia, que
obtuvo alrededor del 25% de los votos, fue el más votado, y Berlusconi, su
líder, ocupó el cargo de primer ministro. Desde esta posición, Berlusconi tuvo
que enfrentarse no sólo con el reto de resucitar la moribunda economía
italiana, sino que además tuvo que hacer frente a los problemas internos que lo
enfrentaban con los otros dos miembros de la coalición.
En las elecciones generales celebradas
a principios de 1996, resultó vencedora la coalición de centro-izquierda El
Olivo, que llevó a la presidencia del Consejo a Romano Prodi.
La inestabilidad política presidió, debido
a la heterogeneidad de las fuerzas políticas que integraban la coalición de
centro-izquierda, el periodo durante el que Prodi fue primer ministro. Entre
sus principales prioridades estuvo situar a Italia entre los primeros países en
adherirse a la Unión Económica y Monetaria (UEM).
La primera crisis relevante se
produjo en octubre de 1997, cuando los diputados del Partido de la Refundación
Comunista se negaron a apoyar los presupuestos para 1998 presentados por el
gobierno en el Parlamento. Pese a que Prodi aceptó incluir algunas de las
peticiones realizadas por los comunistas, éstos finalmente no respaldaron las
propuestas del gobierno, por lo que el primer ministro presentó su renuncia.
Tras varios días de negociaciones, El Olivo y el PRC acordaron un pacto de
gobernabilidad de un año de duración.
Los ciudadanos italianos apoyaron en las
elecciones municipales celebradas en noviembre de ese año las candidaturas de
centro-izquierda en las principales ciudades italianas, lo que se interpretó
como un respaldo indirecto hacia la gestión del gobierno.
Superada la crisis política, el
Parlamento emprendió algunas iniciativas durante los meses siguientes: así, en
diciembre se aprobaba el regreso de los miembros de la Casa de Saboya al país;
y en abril del año siguiente se planificaba la reorganización territorial del
país, concediendo mayor autonomía a las regiones italianas, dentro de un
proyecto más amplio de reforma de la Constitución. Este proyecto finalmente no
prosperó debido a las divergencias en torno a cómo acometerlo.
Tras un año de aparente
normalidad, en el que Italia había acordado, junto con otros 11 países miembros
de la Unión Europa, establecer, a partir del 1 de enero de 1999, el euro como
unidad monetaria, en octubre de 1998 el primer ministro italiano presentó de
nuevo su dimisión como primer ministro tras perder, por un sólo voto, la moción
de confianza que había planteado ante la Cámara de Diputados. La negativa de
los comunistas a aprobar los presupuestos presentados estaba, una vez más, en
el origen de la crisis.
Esta actitud había provocado, poco
antes de la presentación del voto de confianza, una profunda división en el
Partido de la Refundación Comunista: su presidente, Armando Cossutta, dimitió
de su cargo en protesta por la actitud "obstruccionista" del
secretario general, Fausto Bertinotti, y advirtió que él y sus seguidores en el
grupo parlamentario votarían a favor de los presupuestos y respaldarían a
Prodi. A continuación, Cossutta fundó un nuevo grupo político, el Partido de
los Comunistas Italianos.
Pero los votos de los comunistas
moderados no le bastaron a Prodi para seguir adelante con la labor de gobierno
y la derrota en la Cámara de Diputados provocó su dimisión inmediata. De ese
modo se ponía fin al, hasta ese momento, segundo ejecutivo más longevo de la
era republicana.
Tras la dimisión de Prodi, se
barajaron varias fórmulas respecto al carácter del nuevo ejecutivo y a quien lo
debía presidir; finalmente, Massimo d'Alema, principal figura de los Demócratas
de Izquierda (DS), fue el encargado de formar nuevo gobierno en Italia a
finales de ese mismo mes, que contó con el apoyo de los principales grupos
políticos que habían constituido El Olivo (Demócratas de Izquierda, Partido
Popular Italiano, Renovación Italiana), así como con el respaldo por la
izquierda del partido de Cossutta y por la derecha del grupo creado por el ex
presidente de la República, Francesco Cossiga, la Unión Democrática para la
República (UDR). De este modo, se constituyó una nueva mayoría que, aunque
manteniendo algunos de los postulados que habían dado lugar a El Olivo, suponía
la ruptura de esta coalición de centro-izquierda vencedora en 1996.
Opuesto al nuevo gobierno, el ex
primer ministro Romano Prodi, formó en enero de 1999 un nuevo grupo político,
Demócratas por el Olivo, con el que intentaba recuperar el protagonismo perdido
tras su dimisión.
El referéndum celebrado en abril de ese
mismo año, y con el que se pretendía reformar la ley electoral italiana (en el
sentido de dar prioridad al sistema mayoritario frente al proporcional), fue
invalidado al no lograrse superar el 50% de participación necesario para llevar
adelante la reforma, enmarcada en proyecto más amplio de renovación del texto
constitucional italiano. Los pequeños partidos políticos, contrarios a la
eliminación del sistema proporcional por cuanto supondría su práctica
desaparición del Senado y de la Cámara de Diputados, fueron los triunfadores de
la consulta.
En el mes de mayo, el
ministro del Tesoro, Carlo Azeglio Ciampi, fue elegido por el Parlamento
italiano nuevo presidente de la República, en sustitución de Oscar Luigi
Scalfaro. Contó con el apoyo tanto del gobierno como de la oposición, por lo
que fue necesaria tan sólo una votación. Los partidos de centro-derecha
presentes en el gabinete de Massimo d'Alema, el Partido Popular Italiano y
Renovación Italiana, se habían opuesto (si bien acabaron respaldándole en mayor
o menor medida) a la elección de Ciampi, quien tomó posesión del cargo el 28 de
mayo.
El 19 de abril de 2000,
D’Alema dimitió definitivamente y Ciampi encomendó al ex primer ministro y
ministro del Tesoro, Giuliano Amato, encabezar el gabinete. Éste juró el cargo
el 25 de abril de 2000 y logró la confianza parlamentaria el día 28.
El 13 de mayo de 2001 se
celebraron elecciones generales, cuyos resultados supusieron un rotundo triunfo
de La Casa de las Libertades, coalición formada por Berlusconi en torno a Forza
Italia, la Alianza Nacional de Gianfranco Fini, la Liga Norte de Umberto Bossi
y otros grupos políticos de centro-derecha. La amplia victoria de La Casa de
las Libertades sobre El Olivo, la coalición de centro-izquierda liderada por
Francesco Rutelli, se tradujo en una sólida mayoría absoluta en las dos cámaras
parlamentarias y en la formación de gobierno por Berlusconi, que accedió así
por segunda vez al cargo de primer ministro. En abril de 2002, sin haberse
cumplido un año del nuevo mandato de Berlusconi, su gabinete tuvo que hacer
frente a una primera huelga general, motivada por su controvertida política
laboral. El primer ministro también se encontró con la oposición del propio
presidente de la República, Ciampi, el cual se negó a firmar la llamada ley de
televisiones propuesta por Berlusconi, aduciendo que permitía "posiciones
dominantes" y vulneraba el pluralismo informativo.
|